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Jaime I El Conquistador

Jaime I el Conquistador

Jaime El Conquistador (nacido el 2 de febrero de 1208, Montpellier, condado de Toulouse), fallecido el 27 de julio de 1276, Valencia. El más renombrado de los reyes medievales de Aragón (1213-76), que añadió las Islas Baleares y Valencia a su reino y así inició la expansión catalana-aragonesa en el Mediterráneo que iba a alcanzar su cenit en las últimas décadas del siglo XIV.

Santiago era hijo de Pedro II de Aragón y María de Montpellier. Cuando Pedro, aliado de los herejes albigenses, murió luchando contra los cruzados enviados contra ellos en la batalla de Muret, Jaime tenía sólo cinco años y estaba en Carcassonne, padre, en manos del líder de los cruzados, Simón de Montfort. Jaime fue liberado en abril de 1214 y reconocido como soberano en Aragón y Cataluña; Colocado bajo la protección de los Caballeros Templarios en Monzón, fue cuidado y educado por ellos. La regencia fue ejercida por su tío abuelo, el conde Sancho del Rosellón (en Aragón, ahora en Francia), hasta 1218, cuando Sancho renunció ante la oposición de algunos nobles aragoneses y catalanes. Las rebeliones que siguieron, durante las cuales el rey se encontró a menudo en gran peligro, formaron una escuela dura para forjar su carácter. Sin temor aun cuando era joven, luchó contra un noble aragonés en combate cuerpo a cuerpo, participó en el asedio del puerto de Castejón en 1222, y tres años después intentó apoderarse de otro puerto.

En 1227 Jaime tomó el gobierno efectivo de sus reinos y de inmediato comenzó la primera de sus grandes campañas de reconquista -la de las Islas Baleares. Mallorca fue capturada en diciembre de 1229 y la ocupación fue redondeada en 1235 por la conquista de Ibiza por el obispo de Zaragoza. A partir de entonces, las islas fueron un baluarte para defender las costas catalanas y una base desde la cual el comercio y la expansión política podrían ser lanzados hacia el este.

En 1233 Jaime inició una segunda guerra de reconquista contra los gobernantes sarracenos del Reino de Valencia. La campaña duró tres largos años y sufrió varias interrupciones antes de que la capital fuera capturada en 1238. La ocupación del reino se completó más tarde con la captura de otras ciudades, y en 1244 se firmó un tratado por el cual las fronteras de Aragón y Castilla fueron Delimitada en las zonas recientemente conquistadas.

Jaime se casó dos veces. En 1221 se casó con Leonor, hija de Alfonso VIII de Castilla, pero posteriormente se divorció de ella y en 1235 se casó con la hija de Andrés II de Hungría, Yolande, con   quien tuvo muchos hijos. En 1248 y 1262 dividió sus reinos entre sus hijos, pero sólo logró causar una virulenta lucha civil. En la segunda división, su hijo mayor, Pedro, recibió Aragón, Valencia y Cataluña, y su hijo menor, Santiago, recibió las Islas Baleares, el Rosellón y otros condados de los Pirineos que debía celebrar en feudo de Pedro. Esta división de reinos entre sus herederos no era el único error político de Jaime. Por el Tratado de Corbeil (1258) renunció a sus reivindicaciones territoriales en el sur de Francia, abandonando así la política tradicional que la dinastía catalana había perseguido hasta entonces a través de los Pirineos. Sin embargo, fue capaz de desarrollar relaciones y promover el comercio con los estados de África del Norte; Y, con una clara visión del futuro, se casó con su principal heredero, Pedro, con Constanza de Sicilia, facilitando así que este último reino se añadiera en años posteriores a la corona de Aragón. Siempre un soldado caballeresco, Santiago ayudó a su yerno Alfonso X de Castilla a suprimir la rebelión de los moros en el Reino de Murcia (1266); Él también partió en una cruzada a Tierra Santa (1269), aunque esto era un fracaso.

Un soldado de valor extraordinario y grandes dotes de liderazgo, Jaime era un hombre robusto, fuerte y guapo; Él ha sido criticado por sus muchos amores que le hicieron describir como un hogar de fembres (“hombre de la señora”). En resumen, su reinado fue muy beneficioso. Se compiló el importante código de derecho marítimo denominado Llibre del consolat del mar; El Reino de Valencia recibió su propio ordenamiento jurídico; Varias ciudades, incluida Barcelona, ​​adquirieron sus propias administraciones cívicas; Y las Cortes -la asamblea representativa- nacieron. El rey protegió a los hombres de letras, inspiró la crónica que lleva su nombre (aunque él mismo no la escribió) y llevó a sus diferentes pueblos a un grado de madurez política y cultural que razonablemente puede calificarse de admirable.

Jaime I el Conquistador